¿Por qué?

En redes sociales, una persona del medio musical, a quien respeto y admiro mucho, hizo una publicación cuestionando las motivaciones para hacer una lista personal de los mejores discos del año. Si una alguien que sabe de verdad sobre música lo pone en duda, ¿Qué queda para mí? Apenas podría considerarme un simple escuchador que sabe poco y nada. Con dificultad puedo diferenciar un “re” de un “do”, entonces ¿Qué podría aportar yo con una lista de ese tipo?

Luego de una ardua e intensa reflexión –mientras devoraba un pancito con huevo al desayuno– entendí que alguien que está dentro del profesionalismo del medio tiene una responsabilidad mayor. Aunque los comentarios sean subjetivos y basados en sus gustos personales, requiere rigurosidad y precisión en los detalles. Yo tengo la libertad que otorga el total amauterismo e ignorancia en el tema. Pero, lo más importante, la motivación principal es la misma por la que publicamos cualquier cosa en redes sociales: simplemente compartir. No hay mas pretensión que esa.

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El domingo por la noche fui a ver al prodigio de la música Steven Wilson al Movistar Arena. El inicio del concierto me encontró comprando agua en el kiosko. Tuve que correr para llegar a la cancha y encontrar una buena ubicación. No fue difícil, pues el recinto estaba lejos de estar lleno y con cancha única, así que logré quedar bastante cerca del escenario.

Steven Wilson no es un nombre muy conocido en el mainstream del rock, pero es un talento fuera de serie. Si tienes a bandas como Pink Floyd y Radiohead entre tus favoritas, es muy probable que ya lo conozcas. Y si no, este puede ser un buen momento para que empieces a escucharlo.

La jornada se extendió por casi tres horas. Los primeros 45 minutos estuvieron dedicados a su disco más reciente, «The Overview», un álbum que –en la mejor tradición del rock progresivo– cuenta con solo 2 canciones que presentan un viaje sonoro extenso e inmersivo. Luego de eso, un break de 20 minutos para dar paso al resto del concierto, que mantuvo un nivel estratosférico toda la noche.

Las imágenes en la pantalla gigante, a espaldas de la banda, fueron un complemento perfecto para la experiencia musical. En algunos momentos lograron hipnotizarme completamente, tanto que me parece necesario aclarar que no consumí ninguna sustancia alucinógena. Wilson también hizo pausas para hablar al público, mostrando su humor característico se burló de lo largas que son algunas de sus canciones e, incluso, de su propia banda, Porcupine Tree.

Hay un detalle que merece una mención aparte: el sonido. Estuvo absolutamente impecable. Algo que no siempre se puede decir de los conciertos en el Movistar Arena. Se nota la preocupación de Steven Wilson y su equipo por alcanzar la perfección auditiva; era posible apreciar con claridad cada uno de los instrumentos.

Vi a Wilson por primera vez el 2018 como solista en el Caupolicán, luego, el 2022, con Porcupine Tree en el Movistar Arena, y esta fue mi tercera vez. Sin duda, fue la mejor de todas y la que más he disfrutado. Steven Wilson es, sencillamente, un gigante del rock y la música a nivel planetario.