Divididos es mi banda favorita del rock argentino actual. Por eso, espero con ansías cada vez que se presentan en Santiago. La banda es un power trío en su máxima expresión: La potencia de los riffs de Ricardo Mollo en guitarra; Diego Arnedo tocando el bajo como un endemoniado; y Catriel Ciavarella en una batería que pareciera va a ser destrozada con sus golpes.

En esta ocasión se presentaron en el Teatro Coliseo, un recinto pequeño que permite ver muy de cerca a los artistas, aunque a costa del sonido, que es la mayor desventaja del lugar. La del sábado por la noche fue la segunda de dos presentaciones que los argentinos tenían agendadas en Santiago. El público que repletó el recinto –como yo pocas veces lo he visto– ya estaba impaciente cuando la banda salió al escenario. Pero la espera valió la pena. Apenas el trío comienza a “machacar” los instrumentos demuestra por qué son llamados “la aplanadora del rock”.

A pesar de haber publicado un nuevo disco hace solo un par de semanas, después de 15 años, no tocaron ninguna de las canciones nuevas. Algo curioso. También extrañé Par Mil una bella balada rock, que es de mis favoritas del grupo. Por supuesto que eso no quiere decir que el concierto no me haya gustado. Al contrario, me encantó.

Como es costumbre en sus concierto, además de sus canciones y algunos covers que ya han hecho propios, se dan el espacio para homenajear a la banda madre: el Sumo de Luca Prodan. Uno de los momentos más aplaudidos por el público.

Divididos es la dosis de rock en vivo que los nostálgicos del otrora mainstream de la música necesitamos cada cierto tiempo. Como prometieron, ya estoy esperando su próxima visita.

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